Los hidratos de carbono de los zumos evitan la cetonemia
La única forma de evitar estos «ataques metabóli-cos» del ayuno es ingiriendo pequeñas cantidades de hidratos de carbono durante el periodo de ayuno. El vehículo ideal de hidratos de carbono son los zumos vegetales, que apenas contienen grasa y proteínas. Los hidratos de carbono que contienen se encuentran en formas que son fácilmente reabsorbibles, por lo que pasan rápidamente a la sangre sin sobrecargar el apa rato digestivo.
Los zumos son bebidas ideales para el ayuno
Una ventaja esencial de los zumos es que, además de tener hidratos de carbono, proporcionan toda una serie de sustancias necesarias para la vida: no son otras que las vitaminas, los minerales y los oligoelementos, que se encuentran abundantemente en la fruta y las verduras y que se necesitan cuando se prescinde de una alimentación sólida.
Una pequeña cantidad de fruta o verdura proporciona relativamente muchas sustancias nutritivas esenciales, con un contenido bajo de energía. Es decir, tienen una concentración de sustancias vitales que resul ta ideal para acompañar el ayuno. Como ejemplo de minerales y oligoelementos, los «cebadores» del meta bolismo, baste mencionar el elemento potasio, cuya presencia en la fruta y verdura es muy superior a la de su antagonista el sodio (sal de cocina), y que favorece la eliminación de agua y de toxinas. Mientras que la sal retiene el agua (16 gramos de sal retienen 1 litro de agua), el potasio la elimina. Por lo tanto, al aportar hidratos de carbono, los zumos no solamente evitan la sobreacidulación, sino que al ser portadores de sustancias vitales naturales con elevada concentración de nutrientes, y de sustancias activas con alto poder cura tivo, suponen un complemento ideal para el ayuno.
EFECTOS DEL AYUNO
Los grandes médicos de la Antigüedad y de la Edad Media conocían los poderes curativos del ayuno. Hipócrates ya describió el ayuno, y Paracelso consi deró el ayuno como un medio de curación interno. El profesor doctor Werner Zabel consideró el ayuno, junto con la fiebre y la alimentación óptima, el mejor y más antiguo método curativo de la humanidad.
La pausa del ayuno permite una depuración intensa del organismo
Cuando hay fiebre, todos los procesos metabóli-cos se producen con mayor rapidez y se mejora el rendimiento del sistema inmunitario. Estos efectos de la fiebre se aprovechan específicamente en la profilaxis y la terapia de aquellos estados de enfermedad en que el cuerpo por sí solo no reacciona con fiebre. El ca lentamiento artificial remeda la fiebre natural. Con el ayuno sucede algo similar: no se espera a que el orga nismo prescinda de la ingestión de alimento mediante la eliminación de toxinas o la enfermedad aguda: los efectos del ayuno se aprovechan profilácticamente, de forma consciente y dirigida. El aporte continuado de alimento y la necesidad de metabolizarlo hace que la eliminación sea casi siempre insuficiente. La frecuente sobrecarga de toxinas medioambientales, contaminan tes, sustancias activas estimulantes y medicamentos aumenta las tareas que deben realizar nuestros órganos de desintoxicación. Todo aquello que no se pue de eliminar de forma normal se acumula en el tejido conjuntivo, en los espacios intercelulares e interorgánicos y en la sangre. Sólo el ayuno purifica y desintoxica profundamente el tejido conjuntivo intermedio.
Las sustancias perjudiciales pueden eliminarse
Al descargar al metabolismo de tener que procesar los alimentos ingeridos se libera energía para los pro cesos de eliminación. Las sustancias perjudiciales Iiposolubles que se liberan al destruirse los depósitos gra sos del organismo también pueden eliminarse. Los ór ganos excretores (hígado, ríñones, intestino, piel y mucosas) se encargan de realizar este trabajo de elimi nación de toxinas. Durante el ayuno se apoya la elimi nación potenciando sus funciones, por una parte me diante el aporte de suficiente líquido, y por otra por medio de las sustancias activas naturales.
El gran aporte de líquidos facilita la eliminación
Durante la fase de ayuno deben ingerirse un total de 2,5 a 3 litros de líquido al día. Los zumos de frutas y verduras incluidos en la cura de ayuno con zumos proporcionan de 0,75 a 1 litro. Adicionalmente debe beberse agua mineral con bajo contenido de sodio, o agua esterilizada o infusiones. Son apropiadas las infu siones de frutas sin azúcar (por ejemplo, de escaramu jo o manzana). Las infusiones de acerola sudamericana ayudan a cubrir las necesidades diarias de vitamina C durante el periodo de ayuno. Quien por las mañanas necesite un estimulante de la circulación sanguínea, debe tomar infusión de romero o de mate: ambas esti mulan la circulación. Además, el mate (puede ser fres co o fermentado) mitiga la sensación de hambre.
Las infusiones de hierbas también ayudan
Algunas infusiones de hierbas favorecen la elimina ción de toxinas y de agua: cabría mencionar las hierbas que contienen principios amargos, como la alcachofa, el diente de león, la milenrama, la centaura menor o el ajenjo, que estimulan el hígado y aceleran los procesos de desintoxicación. Otras hierbas terapéuticas se encargan de mejorar el drenaje renal, mejoran la eliminación de agua y de sustancias tóxicas. Especialmente reco mendables son la ortiga, el berro y el equiseto (cola de caballo). Las hojas de frambuesa y zarzamora, la menta piperita y la melisa mejoran el sabor de las infusiones para el ayuno.
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